sábado 14 de enero de 2012


Las llamas del hogar abrazaban los dos enormes troncos de manzano que al quemarse desprendían un dulce olor a invierno. Por la ventana la niebla apenas dejaba ver unos pocos metros de patio. En medio, ella sostenía con sus dos manos la taza de café caliente mientras embobada, seguía con la mirada el serpenteante camino del fuego. Todo lo que se oía era el repiqueteo de la leña al arder que incandescente expulsaba sus brasas hacia el lecho calcinado de la hoguera. En ese instante, solos, sin hablar, nos miramos y reafirmamos nuestro vínculo eterno de pasión, de atracción, de devoción, de amor.

1 comentarios:

Sara dijo...

El fuego ejerce el mismo magnetismo que el mar al contemplarlo. Participan de Lo Eterno, como vuestro amor.