Las llamas del hogar abrazaban los dos enormes troncos de
manzano que al quemarse desprendían un dulce olor a invierno. Por la ventana la
niebla apenas dejaba ver unos pocos metros de patio. En medio, ella sostenía
con sus dos manos la taza de café caliente mientras embobada, seguía con la
mirada el serpenteante camino del fuego. Todo lo que se oía era el repiqueteo
de la leña al arder que incandescente expulsaba sus brasas hacia el lecho
calcinado de la hoguera. En ese instante, solos, sin hablar, nos miramos y reafirmamos
nuestro vínculo eterno de pasión, de atracción, de devoción, de amor.
Dónde he metido el teléfono???
Hace 2 meses

1 comentarios:
El fuego ejerce el mismo magnetismo que el mar al contemplarlo. Participan de Lo Eterno, como vuestro amor.
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