sábado 17 de diciembre de 2011

La deuda, de Babilonia a la investidura de Rajoy


Llevamos ya meses inundados de noticias sobre la deuda como el gran problema que todo lo consume. La deuda soberana, la empresarial, la particular, las hipotecas, los créditos, parece que todo nuestro mundo está lleno de deudas que amenazan nuestro estilo de vida. En la conciencia colectiva va creciendo la visión de que todo este sistema de deuda masiva no es más que un conglomerado creado para la subyugación del pueblo a los poderosos. Parece que a nuestro mundo de comodidad occidental se le ha caído el atrezo dejando al descubierto un panorama desalentador de falta de libertad personal y colectiva, cuyos grilletes se perfilan en forma de bonos, hipotecas, créditos y demás formas de deuda. Sobre una ficticia capa de complejidad se está escondiendo algo tan simple y antiguo como el deseo de dominación del poder económico concentrado en muy pocas manos, sobre el poder político de la sociedad. Los golpes de estado encubiertos en Italia y Grecia imponiendo títeres al servicio de una economía financiera no son sino la punta de lanza de lo que se le viene encima a nuestra sociedad si no es capaz de reaccionar ante estos ataques a la libertad.
Así que puestos a dar ideas yo propongo que los ciudadanos nos movilicemos por recuperar una antigua y larga tradición de los comienzos de la civilización, la rotura de las tablas. En la fiesta de año nuevo, y como forma de asegurarse de que los fuertes no oprimieran a los débiles, en la antigua Babilonia hace casi 4000 años, Hammurabi forzaba a la redención general de deudas con el acto simbólico de la rotura de las tablas donde se marcaban los importes y los intereses de las mismas. Así pues este año, en vez de ver como Anne Igartiburu se come la uvas en la puerta del sol, podemos proponer el plan alternativo de ir al Banco de España y romper todos los títulos de deuda del estado, las pólizas de que allí se supervisan, y así todo rastro de deuda que allí se custodie.
El escenario descrito es evidentemente caricaturesco, pero el nuevo Gobierno ha de hacer algo inmediato para parar esta sangría. No es lógico que el Gobierno de España tenga que pedir créditos con intereses por encima del 5% cuando tiene a su alcance un instrumento de financiación mucho más barato, los impuestos. Cierto que el estado tiene muchos gastos superfluos y por tanto injustos para con la sociedad que paga los mismos, y esos hay que eliminarlos. Pero lo mollar, aquello que se lleva la gran parte del gasto no está en lo insustancial sino en aquellas áreas de solidaridad social entre aquellos que más tienen y aquellos que menos. Es inevitable que haya aprovechadosque quieran vivir sin esfuerzo a costa del resto en un sistema complejo compuesto de decenas de millones de personas , lo mismo que siempre habrá corruptos, defraudadores, y toda suerte de anomalías en un funcionamiento óptimo. Busquemos mecanismos para perseguirlos y arrinconarlos, pero no esperemos a su erradicación completa que nuca se va a conseguir para que el estado use su poder, los impuestos y el monopolio de la violencia en interés de la mayoría. Antes de comprometer a la sociedad del futuro emitiendo deuda con promesas de pago de interés ingentes, apliquen subidas de impuestos que reequilibren las cuentas públicas. La mezcla entre la eliminación de gastos superfluos y la subida de impuestos es la solución, cualquier otra vía nos acerca a la solución final Babilónica o a la toma de la Bastilla. Espero que esa sea la vía que Rajoy anuncie en su discurso de investidura la semana que viene, deseo que no sea mucho esperar.