sábado 26 de septiembre de 2009

La caja de sueños

Era tarde y el día estaba desapacible. El viento pasaba con facilidad a través de las desnudas ramas de los árboles que se defendían del invierno con la fuerza del que sabe que aguanta hasta la próxima primavera. Apenas pasaba gente por la calle, y los pocos que circulaban, lo hacían con la mirada clavada en el suelo para evitar confrontar los ojos con el aire gélido y revuelto. Abandonada en un rincón junto a la basura común y vulgar, permanecía a la espera de ser descuartizada la vieja máquina de ilusiones. Juan sintió al verla una profunda mezcla de tristeza, melancolía y alegría. ¿Cómo podía ser que alguien hubiera abandonado esa preciosidad?. Sus maderas de aglomerado contrachapadas en negro junto a los metacrilatos traslúcidos escondían los sueños de toda una generación. Aquello era un atropello, una indignidad. Dejar morir en un vertedero junto a los desechos mediocres de la sociedad aquella maravilla no era una opción válida. Juan decidió pasar a la acción, deseaba darle también a esa caja de sueños la esperanza de una próxima primavera. Subir el pesado esqueleto añajoso de acero, madera y circuitos hasta el piso donde Juan trabajaba no fue fácil, pero el esfuerzo merecía la pena. Después de una pequeña limpieza procedió a insuflarle de vida a su corazón eléctrico. Aquel tubo de rayos catódicos que horas antes languidecía a la espera de ser triturado mostró al mundo sus fantasmas, puntos de colores y laberintos. Para Juan la experiencia fue como la de un médico que reanima a un moribundo cuando quedan pocas esperanzas. La caja de sueños tenía una nueva oportunidad. Aquella máquina albergaba en sus formas los recuerdos de toda una infancia y adolescencia. Juan y sus amigos habían volado, salvado princesas, ganado carreras, copas de Europa, y realizado un sinfín de aventuras a los mandos de deliciosos artefactos como aquel. A sus veinticuatro años sentía que podía devolverle a ese mueble con circuitos un nuevo esplendor que describiera los juegos y cultura de toda su generación. Tenía un buen amigo al que se le daban bien los chismes y decidió llamarle para llevar adelante su proyecto. Como todas las grandes empresas, aquella se antojaba motivadora, llena de obstáculos y aventuras. Nada de todas formas podía presagiar la larga historia de la odisea que aquel grupo de amigos tenía por delante. Los comienzos fueron fueron rápidos y las primeras mieles del éxito emborracharon a estos jóvenes de fuerza para afrontar cada nuevo reto en su particular vuelta a casa tras la guerra de Troya. Muchos además de Juan e e Iñigo se incorporaron a la gesta, Jorge, Mugue, Diego, Jaime, Rubén, todos ellos pasaron a formar parte de la historia de la máquina de sueños.
Pero los primeros tropezones y tribulaciones llegaron a la vez que las asperezas y los baches en la vida de aquellos jóvenes. Sin embargo tras cada piedra en el camino, ellos encontraban la forma de sortearla. Los años iban pasando, éxitos y fracasos, grandes alegrías y frustraciones, se sucedían en el discurrir de los acontecimientos vitales del grupo y la caja de los sueños. Hoy han pasado 10 años desde entonces, y la caja de los sueños ha pasado a una noble ubicación. Además ha estrenado órganos desplegando más de lo que nunca hasta ahora había mostrado. Los otrora niños convertidos en adultos en plena lucha vital, han disfrutado de nuevo de los innumerables retos que el artefacto ofrece una y otra vez sin monedas de por medio esta vez. Por unas horas la mente se traslada a la pubertad, una época donde la muescas que la vida va dejando estaban aún por llegar. Pero el grupo y la máquina aún tienen muchas tierras por descubrir. Los vericuetos y sendas de la existencia, que se desvían, entrecruzan, y dan vueltas al albur del viento y la tenacidad de los que gobiernan las naves de su propia vida, han vuelto a unirse diez años después del origen de esta historia, y a buen seguro volverán a unirse y separarse incontables veces.

P.D. Este post va especialmente dedicado a todos aquellos que han colaborado en darle vida a la caja de sueños, ya sea en apoyos logísticos, morales o técnicos. Los tiempos de take one, los empalmes eléctricos que solucionaban el juego del corre corre por el patio de vecinos, el "hoy ya estamos en el final va a funcionar", los gusanitos comidos entre el polvo, y todo lo que todos hemos vivido en este tiempo no es otra cosa que nuestra historia y legado.

2 comentarios:

Patricia Sisamón dijo...

Cuanto me alegro que la Gran Máquina haya encontrado su nuevo hogar! He de confesar mi admiración por la fuerte y rigurosa vocación y dedicación que habéis mostrado durante tanto tanto tiempo.
No es para menos daros mis más sinceras felicitaciones.

Y ahora... a jugar!

Iñigo dijo...

Yo en realidad no hice nada por la máquina, creo, pero al leer su historia mítica de pronto me arrepiento.