martes 22 de enero de 2008

El traje nuevo del emperador


Yo me pregunto, ¿Pasa algo en el mundo real hoy que no pasara ayer?. Estos días estamos asistiendo a lo que a mi entender, es el fin del endiosamiento de la economía financiera y los que la han manejado durante años. Esta gente en la cumbre de la pirámide social y de poder creían, y por lo visto aun creen, que el sector financiero puede controlarlo todo. Piensan que pueden crear riqueza de la nada y destruirla a su antojo, siendo ellos los que siempre salen bien parados. Pero que no se engañen, la gente come, bebe, viaja, escribe, va a hospitales, construye casas, lee, en definitiva, vive en una economía real, no en una maraña financiera. La burbuja ha vuelto a reventar, no se si será la definitva, ya que antes hemos tenido puntos.com, 11S, Enrons y demás, pero los avisos son cada vez más importantes. El sector financiero tiene su importancia en la economía, eso nadie lo duda, pero no es el único que dirige los designios de la misma. Es importante que los recursos se muevan desde quien los tiene y no sabe que hacer con ellos hasta quien los necesita y sí sabe como sacarles partido. Pero lo que no puede ser es que los recursos se generen de la nada, se hinchen en base a análisis cargados de retórica vacía, y cuando la plebe se da cuenta de que el emperador va desnudo, hagan malabarismos para demostrar que no, que lleva un traje precioso que sólo necesita de algunos remiendos para lucir como el primer día. Hasta ahora lo han conseguido, ¿Será esta vez diferente?.

viernes 18 de enero de 2008

La inmortalidad


Algunos días a uno le da por pensar que algún día se va a morir. Es curioso porque es una de las pocas cosas de las que el ser humano está seguro, pero que esquiva de sus pensamientos en cuanto puede. Es como si el instinto de supervivencia se peleara con la razón y casi siempre ganara. Pero lo cierto es que nos moriremos. Probablemente esta certeza ha dado lugar a casi todo lo que la especie humana ha dejado al mundo. La búsqueda de la trascendencia más allá de la muerte nos hace volcarnos en cosas distintas al carpe diem. Y eso es lo que me resulta curioso de nuestra mentalidad como especie. Por una parte, si nos vamos a morir, ¿Porque no tratamos de gozar la más posible de este breve tiempo que disponemos?, no, nos empeñarnos en intentar perpetuar nuestra memoria de alguna manera. Cuando hablamos de realizarnos en la vida en general queremos dar a entender que hacemos algo para perpetuar nuestra memoria más allá de nuestra existencia. Podemos pensar en el arte, en el desarrollo de actividades, en la dirección de personas, o en la descendencia, en defintiva, en dejar huella con la esperanza de que de alguna manera esta se expanda. Siendo realista casi ninguno lo lograremos, en apenas tres o a lo sumo cuatro generaciones tras nuestra muerte se habrá borrado de las mentes de todos los que entonces estén en vida cualquier recuerdo sobre nosotros. La alternativa está en la Fe, en la creencia de un ser superior que trasciende nuestros límites y sabe valorar nuestros esfuerzos. Una especie de amigo invisible que está a nuestro lado y conoce cada uno de nuestros pensamientos. Los entes espirituales, místicos, los utilizamos como apoyos ante la inmisericorde razón que se empeña una y otra vez en decirnos carpe diem, vive porque esto se acaba. En verdad somos complicados los humanos.

martes 8 de enero de 2008

La Naturaleza


Los humanos somos animales, es algo que creacionismos aparte es ampliamente aceptado. Pero hay momentos en los que esa sensación la experimentamos más vivamente. Puede ir uno paseando por el monte pensando en su día a día, y de repente encontrarse una manada de caballos. El silencio, el frío, la respiración de ellos y la tuya. Ambas bestias nos observamos mutuamente, nos evaluamos. En el momento en que tanto los caballos como el humano deciden que no suponen un peligro comienza el juego curioso. Un acercamiento, una mirada, seguimos estudiándonos. El olor, el tacto, el oido, la vista todo está alerta y en estado instintivo. En realidad no dejamos de ser seres inadaptados vivendo en un mundo creado por nuestra mente en el que nuestros instintos primarios y animales no se sienten cómodos. Durante los minutos que dura el encuentro con los caballos es nuestro incosciente el que está en su salsa, dominando la situación, en cuanto eso se acaba, en cuanto vuelve la rutina, la conciencia vuelve a tomar el timón y de nuevo arrinconamos a nuestros instintos.