sábado, 10 de noviembre de 2012

Política al estilo Pi de Indiana


A finales del siglo XIX un médico aficionado a las matemáticas en el estado americano de Indiana creyó haber descubierto la fórmula mágica para resolver la cuadratura del círculo. Su brillante idea consistía en convertir el número transcendental Pi en un vulgar número racional como otro cualquiera, 3,2. El hombre que era muy amante de su pueblo, habló con uno de los representantes políticos de su comunidad para que propusiera una ley en la cámara de representantes de Indiana estableciendo para ese estado el valor de Pi como 3,2. Tan amante era de su pueblo que permitía al estado de Indiana usar tan magnífico descubrimiento sin pagar royalties, cosa que no pensaba hacer con el resto del mundo. La propuesta de ley pasó por varios comités, entre ellos el de educación que emitió un informe favorable, y de allí fue directa a la cámara de representantes donde fue aprobada por un apabullante 67 votos a favor, 0 en contra. Afortunadamente, un científico pasó por allí y trató de locos a los representantes y al señor doctor, dando cierta publicidad al tema. La prensa entonces comenzó a ridiculizar la ley, que cuando llegó al senado fue reprobada y afortunadamente Indiana no dejó de ver a Pi como trascendente.
Esta pequeña anécdota de más de un siglo establece muy bien los parámetros de las democracias en las que los países occidentales nos movemos,y puede servirnos de base para prevenir males mayores en la situación económica y depresiva en la que nos encontramos. Cuando suceden hechos dramáticos como el suicidio de personas ante el inminente desahucio de sus casas, la muerte y enfermedades de gentes que no son atendidas de la manera a la que estamos acostumbrados en nuestro sistema de salud, y otros de similar dureza, enseguida surgen sentimientos de empatía hacia esas personas. Son gente muy parecida a nosotros, lleva una vida como la nuestra, y el dolor se siente tremendamente cercano, mucho más que cuando a diario mueren personas en otras partes del mundo o incluso en nuestra parte intentando a pesar de la crisis cruzar en barcas de madera el estrecho, o en furgonetas Rio grande. Es un rasgo humano y en cierta medida irracional. No conocemos personalmente ni al inmigrante en busca de fortuna que muere ahogado, ni al acorralado ciudadano que en su desesperación se tira de un balcón, pero la similitud de nuestro estilo de vida nos provoca mayor sensación de angustia en el segundo caso que en el primero. Nos indignamos, protestamos y sacamos nuestra rabia de uno u otro modo, cosa que para nada es mala en una sociedad democrática. Pero hay que tener cuidado en elegir las alternativas que nos saquen de este entuerto en el que nos encontramos. Es fácil crear frases cortas que apelen al estómago y a la venganza, o que culpen a determinados grupos sociales, ya sean funcionarios, banqueros, o políticos. Es tan fácil como proponer que Pi sea igual a 3,2 para resolver la cuadratura del círculo. Pero que una solución sea sencilla no significa que sea válida, y que esa solución se vote por mayoría como hicieron en la cámara de representantes de Indiana tampoco hace que se convierta en buena. Al contrario que la cuadratura del círculo que no tiene solución, pienso que nuestra economía sí la tiene, pero desde luego será una combinación de muchas acciones en muy diversos frentes que no se podrán resumir en dos consignas o 3 minutos de telediario. Hay mucha gente proponiendo cosas interesantes y argumentadas, muchas de ellas contrapuestas, y sobre ellas debería girar el debate público. Pero mientras este pivote sobre consignas de uno y otro sentido, en el mejor de los casos no saldremos o nos costará mucho salir de donde estamos, y en el peor vendrá un iluminado que propondrá hacer de Pi un número racional y lo votaremos y jalearemos por mayoría, con las consecuencias históricas que eso ha tenido en el siglo XX.

lunes, 26 de marzo de 2012

29M, Otra batalla en la crisis


Han pasado tres años y medio desde la que el 15 de Septiembre de 2008, Lehman Brothers anunciara su quiebra. Fue el detonante de la gran explosión nuclear que vino después y en la que aún estamos inmersos. Ya antes había habido algún conato de explosión (caso ENRON, burbuja .com) que no llego a tener suficiente potencia para desencadenar la reacción de fisión posterior. Durante estos últimos años la economía ha pasado al centro del debate público. Pero esta disciplina, a diferencia de la física, la química y otras ciencias experimentales, no tiene manera de realizar experimentos aislados y controlados que vayan confirmando y afinando las diferentes teorías propuestas. Así pues, yendo al extremo más esperpéntico, la opinión de un tipo de Tolosa (tolosabe) de barra de bar, es tan poco válida como la del último premio Nobel de Economía. Sin ser tan dramáticos, no hay más que ver las discusiones tan de fondo entre académicos de la disciplina que abogan por causas y efectos totalmente contrapuestos en cosas básicas de la macroeconomía. Resumiendo y simplificando, tenemos por un lado la teoría de más gasto público, más deuda, más protección social, más regulación, y por otro la que básicamente aboga por lo contrario como alternativas a salir de la crisis en la que estamos inmersos. Vaya por delante que la gente que defiende razonadamente cualquiera de estos posicionamientos es sincera en su creencia de que siguiendo sus recetas caminamos a un mundo con más calidad de vida media, y no tienen intereses ocultos de alguna manera egoístas. Simplemente razonan, construyen una teoría, tras ella un modelo que como todos simplifica la realidad, y a través de él extraen conclusiones. Hasta aquí, igual que el resto de ciencias experimentales. Pero a partir de aquí es donde comienza el problema. Cuando un físico o un químico propone una teoría y un modelo, comienza la fase de validación del mismo, y al final obtiene unos resultados que le dan un grado de confianza muy elevado sobre la validez o no de la teoría propuesta. Desde el laboratorio más pequeño de la más modesta universidad, hasta el gran acelerador de partículas del CERN todos los días hay científicos en el mundo siguiendo este proceso. Sin embargo, en la economía esto no es posible. El LHC del CERN, con toda su complejidad, es un juego de niños ante lo que puede suponer un experimento que valide cualquier teoría macroeconómica. Son tal la cantidad de variables en juego, que aislarlas y controlarlas todas es del todo punto imposible, eso sin hablar de temas más profundos como puede ser el libre albedrío y la falta racionalidad del sujeto económico básico que es el ser humano. Si además añadimos a este mejunje la política como principal actor en la toma de decisiones macroeconómicas, llegamos a un punto donde la opinión es más una cuestión de Fe o intuición, que una sucesión razonada de teorías contrastadas. Bajando al terreno, ahora que la economía en USA parece que vuelve a la senda positiva, todo el mundo busca la causa, unos hablan de los paquetes de estímulo de Obama, otros de la intervención de la FED, y así podemos seguir indefinidamente sin que realmente nada se pueda demostrar. Si pensamos en la reforma laboral que ha presentado Rajoy en España, podemos imaginarnos dos escenarios. En el primero podemos pensar que por ejemplo a mediados de 2013 la economía crece, se vuelve a generar empleo e incluso suben los salarios. En el segundo, la economía no se recupera, se despide masivamente con lo que se genera más desempleo, y se precariza de forma masiva el mercado de trabajo. En cualquiera de los dos casos habrá gente defendiendo que el efecto causado es consecuencia al menos en parte de la reforma laboral. Sin embargo, la realidad es que será imposible demostrarlo, porque los factores que influyen en la marcha de la economía, el empleo y los salarios son tantos además de ese que nunca podremos tener ni siquiera una razonable certeza.
En este escenario uno se plantea si la reforma es buena o mala, si va a traer beneficios sociales o al contrario va a agudizar los problemas actuales, en definitiva, si el apoyo a los sindicatos el 29M es bueno o malo. El fondo de la reforma es esencialmente la flexibilización en las condiciones para el despido con la esperanza de que las empresas tengan menos miedo a la contratación, y de esa manera se genere empleo. De nuevo es un razonamiento al que se le pueden encontrar argumentos. Es un hecho cierto que muchas empresas y las personas que las dirigen tienen pánico a la contratación indefinida. Vienen de unos años donde los resultados económicos han sido muy malos, y para la supervivencia de la empresa han tenido que recurrir al despido de forma masiva, lastrando a muchas compañías sus balances de tal manera que les impide cualquier posibilidad de desarrollo futuro, cuando no directamente les ha llevado a la quiebra. Pero evidentemente esa no es la única razón por la que las empresas no contratan, y evaluar cuantitativamente ese efecto es a todas luces imposible. A cambio de esa flexibilidad, el gobierno pone en mano de los empresarios una herramienta que mal utilizada en la situación actual, donde hay exceso de mano de obra disponible, puede generar simplemente una carrera en la reducción de costes que deje un mercado de trabajo totalmente precarizado. Si un número relevante de empresas utilizan la reforma para despedir trabajadores caros, y  progresivamente sustituirlos por más baratos, la espiral deflacionaria en los salarios será irreversible, ya que el resto de empresas o juegan a lo mismo o sucumbirán a la competencia. ¿Qué va a suceder?, es imposible de saber, por lo cual el apoyo a los sindicatos o al gobierno en este asunto es una pura cuestión de Fe. La mayoría de la gente que se plantea el apoyo a la huelga, lo hace más bien desde la sensación de injusticia más que desde la creencia en el resultado positivo o negativo de la misma respecto al problema que quiere solucionar que es el del paro. Volviendo al principio del post, desde la quiebra de Lehman Brothers, las administraciones públicas de todo el mundo occidental han ido rescatando una tras otra grandes corporaciones financieras que hicieron apuestas de riesgo, se endeudaron de manera muy importante para soportarlas, y en circunstancias normales tendrían que haber acabado como Lehman, en bancarrota, y muchas de las veces con sus responsables perseguidos judicialmente por fraude, cosa que evidentemente no ha sucedido. Eso contrasta demasiado con la situación de muchos ciudadanos que hicieron apuestas mucho más modestas, que igualmente han salido mal, y que no han sido rescatados, lo que provoca una sensación de injusticia, en la que aparentemente hay una élite que nunca es responsable de las consecuencias de sus actos y una base de población que tiene que cargar con ellos. Eso deslegitima mucho a los gobiernos, independientemente de si la reforma laboral es buena o mala, que como ya he dicho pienso que es una cuestión de Fe, casi nada solivianta más la conciencia humana que la sensación de injusticia. Y es ahí donde creo que los sindicatos y otras organizaciones sociales yerran el tiro. Hay formas de protesta contra estas injusticias mucho más efectivas. La concienciación social del consumo responsable es creo la mejor estrategia de protesta actual. La simple amenaza de la “huelga” de consumo selectiva, organizada desde estructuras potentes como las sindicales, podría hacer mucho más que esta huelga general. La base de la población tiene en la actualidad armas más potentes de las que nunca ha dispuesto para controlar al poder, pero las fuerzas que deben establecer esos equilibrios como los sindicatos están ancladas en maneras combativas del pasado. En cierto modo la situación recuerda a la falta de adaptación de los ejércitos en la primera guerra mundial, que aún pensaban en tácticas de los tiempos de Napoleón, cuando el tipo de armamento y soldados que tenían habían cambiado radicalmente el panorama. A día de hoy las huelgas generales apenas suponen trastorno para los dirigentes de la economía que es quien de facto gobierna el mundo que nos toca vivir. Sin embargo, el consumo, el lugar donde depositamos nuestros ahorros, y la batalla mediática a través de internet, pueden torcer el brazo en cuestión de días al más musculoso de los centros de poder.
En definitiva, pienso que los sindicatos actúan de buena Fe tratando de hacer su función social de equilibrio de poderes dentro de la sociedad. Pero sus estructuras y tácticas demasiado ancladas en el pasado les hace ser miopes en sus objetivos e ineficientes en sus batallas. Una sociedad con la estructura de la nuestra, necesita de sindicatos y organizaciones sociales fuertes que vayan poniendo frenos a las naturales derivas de los que en cada momento van detentando el poder. Eso pasa por una adaptación de esas organizaciones a los tiempos actuales en formas y fondo. Sinceramente espero que el 29M sea el comienzo de la transformación y no una sangrante derrota de la que cueste recuperarse, o lo que es peor, sea aprovechada por algún populista para llevar a la sociedad a una deriva autodestructiva.

sábado, 14 de enero de 2012


Las llamas del hogar abrazaban los dos enormes troncos de manzano que al quemarse desprendían un dulce olor a invierno. Por la ventana la niebla apenas dejaba ver unos pocos metros de patio. En medio, ella sostenía con sus dos manos la taza de café caliente mientras embobada, seguía con la mirada el serpenteante camino del fuego. Todo lo que se oía era el repiqueteo de la leña al arder que incandescente expulsaba sus brasas hacia el lecho calcinado de la hoguera. En ese instante, solos, sin hablar, nos miramos y reafirmamos nuestro vínculo eterno de pasión, de atracción, de devoción, de amor.

sábado, 17 de diciembre de 2011

La deuda, de Babilonia a la investidura de Rajoy


Llevamos ya meses inundados de noticias sobre la deuda como el gran problema que todo lo consume. La deuda soberana, la empresarial, la particular, las hipotecas, los créditos, parece que todo nuestro mundo está lleno de deudas que amenazan nuestro estilo de vida. En la conciencia colectiva va creciendo la visión de que todo este sistema de deuda masiva no es más que un conglomerado creado para la subyugación del pueblo a los poderosos. Parece que a nuestro mundo de comodidad occidental se le ha caído el atrezo dejando al descubierto un panorama desalentador de falta de libertad personal y colectiva, cuyos grilletes se perfilan en forma de bonos, hipotecas, créditos y demás formas de deuda. Sobre una ficticia capa de complejidad se está escondiendo algo tan simple y antiguo como el deseo de dominación del poder económico concentrado en muy pocas manos, sobre el poder político de la sociedad. Los golpes de estado encubiertos en Italia y Grecia imponiendo títeres al servicio de una economía financiera no son sino la punta de lanza de lo que se le viene encima a nuestra sociedad si no es capaz de reaccionar ante estos ataques a la libertad.
Así que puestos a dar ideas yo propongo que los ciudadanos nos movilicemos por recuperar una antigua y larga tradición de los comienzos de la civilización, la rotura de las tablas. En la fiesta de año nuevo, y como forma de asegurarse de que los fuertes no oprimieran a los débiles, en la antigua Babilonia hace casi 4000 años, Hammurabi forzaba a la redención general de deudas con el acto simbólico de la rotura de las tablas donde se marcaban los importes y los intereses de las mismas. Así pues este año, en vez de ver como Anne Igartiburu se come la uvas en la puerta del sol, podemos proponer el plan alternativo de ir al Banco de España y romper todos los títulos de deuda del estado, las pólizas de que allí se supervisan, y así todo rastro de deuda que allí se custodie.
El escenario descrito es evidentemente caricaturesco, pero el nuevo Gobierno ha de hacer algo inmediato para parar esta sangría. No es lógico que el Gobierno de España tenga que pedir créditos con intereses por encima del 5% cuando tiene a su alcance un instrumento de financiación mucho más barato, los impuestos. Cierto que el estado tiene muchos gastos superfluos y por tanto injustos para con la sociedad que paga los mismos, y esos hay que eliminarlos. Pero lo mollar, aquello que se lleva la gran parte del gasto no está en lo insustancial sino en aquellas áreas de solidaridad social entre aquellos que más tienen y aquellos que menos. Es inevitable que haya aprovechadosque quieran vivir sin esfuerzo a costa del resto en un sistema complejo compuesto de decenas de millones de personas , lo mismo que siempre habrá corruptos, defraudadores, y toda suerte de anomalías en un funcionamiento óptimo. Busquemos mecanismos para perseguirlos y arrinconarlos, pero no esperemos a su erradicación completa que nuca se va a conseguir para que el estado use su poder, los impuestos y el monopolio de la violencia en interés de la mayoría. Antes de comprometer a la sociedad del futuro emitiendo deuda con promesas de pago de interés ingentes, apliquen subidas de impuestos que reequilibren las cuentas públicas. La mezcla entre la eliminación de gastos superfluos y la subida de impuestos es la solución, cualquier otra vía nos acerca a la solución final Babilónica o a la toma de la Bastilla. Espero que esa sea la vía que Rajoy anuncie en su discurso de investidura la semana que viene, deseo que no sea mucho esperar.

sábado, 17 de septiembre de 2011

El elemento motivacional del sexto pecado capital




Queridos lectores, comencemos este post con una pregunta:

¿Es la envidia un sentimiento dañino y destructivo?



Lo primero que responderá la mayoría es un sí rotundo. Está tan culturalmente impregnada de malos sentimientos que es difícil abrir un hueco en nuestra razón para detenernos a pensar antes de responder. Es un lugar común en nuestra imaginería dibujarnos al envidioso como un ser ruin y carcomido, que vaga por el mundo envenenado relaciones y personas. Sin embargo, si agitamos un poco nuestras ideas para desprendernos del tamiz cultural, podremos al menos tratar de buscar evidencias sobre la vileza del sentimiento para fundamentar nuestro rechazo. En un reciente experimento realizado en la universidad de Tilburg, un equipo de psicólogos liderado por Niels Van de Ven, y comentado en BBS Research digest, trataba de observar los efectos motivadores de la envidia y la admiración. Es interesante como las palabras pueden de manera inmediata evocar elementos positivos o negativos. En el primer caso se encuentran de manera inequívoca motivación y admiración, en el segundo envidia. Pero según el estudio la motivación tiene más que ver con la pérfida envidia que con la bien considerada admiración. Las conclusiones de los psicólogos, sostienen que cuando se admira a alguien, nuestra mente da por supuesto que tiene condiciones que nosotros no podemos alcanzar, y por ende nos obnubila su superioridad pero no intentamos si quiera imitarla. Sin embargo, cuando se envidia, creemos que la persona envidiada no se merece estar en mejor posición que nosotros, ya que somos iguales o mejores. Muchas veces esto canaliza elementos motivadores para mejorar, trabajar y esforzarse de cara conseguir objetivos que creemos alcanzables y que no hubiéramos perseguido de no haber sentido envidia de alguien previamente.

Es indudable que somos seres sociales, y ni siquiera en el más utópico de los esquemas igualitarios, ningún pensador serio puede imaginarse la erradicación de cierto estatus social. Ya se pueden escribir un millón de libros sobre quien se ha llevado mi queso, monjes que venden Ferraris o manifiestos asamblearios. En muchos momentos de nuestras vidas nos compararemos con nuestros más cercanos congéneres con los que compartimos hábitat social, y encontraremos diferencias que creeremos injustas. A partir de ahí sólo cabe la envidia o la resignación, siendo este último sentimiento poco común en los tiempos que corren.

En nuestro esquema cultural es duro dar una oportunidad a la envidia como elemento positivo, tanto es así que la tenemos que disfrazar de competitividad, de ejemplaridad, o de injusticia para poder usarla y sacar los beneficios que de ella requerimos. Cuando una madre premia a un hijo por un comportamiento bueno con la esperanza de que otro sienta envidia y lo imite, cuando una empresa u ONG establece incentivos para los que desarrollen de una manera concreta ciertas tareas, o cuando un gobierno trata de castigar a un colectivo agitando mediáticamente supuestos o reales privilegios, asistimos a usos utilitaristas del sentimiento de la envidia. Con esos sentimientos se consiguen cosas que la sociedad normalmente acepta como buenas, y que jamás catalogaría como efectos de una envidia provocada.

Es tan profundo el rechazo a la envidia, que hasta el propio autor del estudio que inspira este post distingue entre una envidia buena, que es la que provoca motivación por llegar hasta donde está el otro, y una envidia mala, que provoca querer hacer daño al otro para que pierda lo que tiene diferente a ti y se igualen las cosas por abajo. Pero desde el punto de vista de la descripción del sentimiento, no creo que pueda distinguirse, en todo caso es el pensamiento de como actuar frente al sentimiento el que puede ser positivo o negativo, pero no el sentimiento en sí que en esencia es el mismo.

Las evidencias muestran a todas luces que la evolución nos ha dotado de la envidia como una cualidad de supervivencia de la especie y elemento motivador. Sin embargo, al menos para el que escribe, sigue siendo difícil de aceptar que sea un sentimiento positivo. Cada vez que un atisbo de envidia surge en mis pensamientos, inmediatamente trato de retorcerlo intelectualmente de manera que o lo descarte como necesidad vital, o en todo caso lo transforme en un objetivo personal y no en una comparación que pienso dañina para mi salud mental. Es uno de esos casos donde los valores y la ética cultural inculcada se imponen a los argumentos que la razón me proporciona, provocando cierto sentimiento de angustia intelectual. Todavía no he encontrado argumentos para tratar de escapar de esta especie de concupiscencia inversa, así que lectores, si alguien los tiene o sabe de alguna lectura que pueda ayudarme, se agradecerán enormemente.


viernes, 27 de mayo de 2011

Vidas Anónimas, lecciones universales

Robaré medio título de un programa de TV para titular a éste artículo y para hablar de la vida de una persona llamada Eva Cassidy, ejemplo de felicidad y sencillez.

Por ponernos en antecedentes, digamos quién es la susodicha y porqué la hace merecedora de unas líneas. En primer lugar, que es una de las voces más angelicales, llenas de talento y capaces de transmitir sentimientos que jamás he escuchado, y en segundo, que renunció a aquello por lo que se supone que todos tenemos que matar para conseguir (dinero, fama…) para continuar haciendo lo que a ella le gustaba.

Desde muy pequeña mostró interés y talento desmedido para la pintura y la música, pero pese a que le animaron, Eva nunca mostró ambición profesional. Quiso el destino que a los 23 años "conociera" a Chris Biondo, bajista e ingeniero de sonido, quien dándose cuenta de sus dotes musicales (supongo que "amen" de otros dotes) prácticamente la obligara a grabar sus versiones en estudio.

Además, también la convenció para formar una pequeña banda estable y actuaban en pequeños bares y clubs de Washington DC, donde alcanzaron cierta fama local. Cierto día, Chuck Brown, renombrado músico de folk y soul, quedó impresionado al escuchar su voz, y produjo un disco con algunas de las versiones que Chris le había obligado a grabar.

Por resumir, diremos que a Eva le llovieron ofertas de diferentes discográficas para alcanzar la fama, hacer giras, llenar estadios…bueno, en resumen, eso que persiguen la mayoría de los jóvenes a ella le rogaban que lo hiciera.

Las discográficas le ofrecían el oro y el moro, y tan sólo le pedían una cosa a cambio; que modificara su estilo de voz por algo más pop…La respuesta de Eva fue tajante. Era feliz haciendo lo que hacía con quien lo hacía, y no dejaría tirada ni a su banda ni a sus principios, que eran cuanto tenía y lo que la hacía feliz.

En éste mundo, donde la mayoría vamos abdicando de nuestros deseos y sueños de adolescencia cambiándolos como cartas marcadas por fama, dinero, lujos… siempre es bonito escuchar la historia de alguien que no renunció, que tuvo la sangre fría de saber ser feliz con lo que tenía. Ojala todos pudiéramos tener esa perspectiva y no nos dejásemos cegar tan fácil.

En enero de 1996, público su segundo disco, un álbum cantado en directo en un pequeño club de los que tocaba titulado Live at Blue Alleys. Al respecto, The Washington Post publicó que ella "podía cantar cualquier canción y conseguir que fuera la única música que importara", y créanme que yo no podría estar más de acuerdo.

Quiso el destino que días después de esa grabación en directo fuera al hospital por unos dolores y le detectaran un cáncer de piel en fase avanzada. Pese al tratamiento de quimioterapia, falleció once meses después, el 2 de noviembre, a la edad de 33 años.

Sus últimos meses de vida los afrontó con gran entereza y regalando a quien quisiera asistir a esos pequeños clubs momentos de esos que jamás se pueden olvidar, de esos que te llevan al cielo de los sueños en tierra. Regalando paz y felicidad en forma de canción, que es de lo más bonito que se le puede regalar a alguien.

Hay muchas formas de afrontar la visita de la pálida dama…pero de cuantas he conocido, merece contar por inusual y grandiosa la forma en la que Eva regaló al mundo su último adiós. Pocos días antes de marcharse, decidió juntar a sus amigos para interpretar y regalarles una de sus canciones favoritas; "What a wonderful world" ("Que mundo tan maravilloso").

Curiosa canción de despedida terrenal, pero es que eso es precisamente lo que quería recordarles a todos para siempre, que el mundo es algo tan maravilloso que no vale la pena malgastar ni siquiera el día anterior al que la parca venga a buscarnos.

Por fortuna, el mundo tiene a su disposición el vídeo de ese momento, y yo os lo regalo al final de éstas líneas…a mi, además de ponerme los pelos como escarpias, me da una lección de cómo afrontar las cosas. De relativizar lo que es importante y lo que no, de que día que pasa no vuelve, de que es más importante la felicidad diaria que el sueño de un trabajo más importante, de que la vida es un sueño y como tal que soñarla…

Eva se marchó así, dedicando a todos ese momento, la canción favorita de ella y de Chris…cantando a lo bello de la vida y no a lo incierto de lo que vendrá. Disfrutando cada segundo, como todos debiéramos hacer…si supiéramos.

Después de su fallecimiento, en 1998, Blix Street recopiló temas de todas las versiones grabadas por Eva con Chris y lanzó el álbum Songbird, que permaneció en un segundo plano hasta que en 2000, Terry Wogan, para la radio de la BBC británica, comenzó a difundirlo en su programa por recomendación de su productor sin conocer prácticamente la figura de Cassidy, recibiendo pronto numerosas peticiones de los oyentes para escuchar la voz de Eva. El álbum escaló hasta el número 1 en las listas británicas vendiendo más de un millón de copias, y alcanzó estatus de disco de oro en los Estados Unidos, cosechando gran éxito en muchos otros países

Hoy cuenta con admiradores declarados como Roberta Flack, Mick Fleetwood, Paul McCartney y Sting. Éste ultimo afirmó en una entrevista que no pudo contener las lágrimas al escuchar por primera vez la versión que Eva grabó de su tema Fields of gold. A mi me pasó lo mismo cuando escuché su interpetación de Somewhere over the rainbow y Bridge over troubled water.

Desde entonces cuatro recopilatorios más han sido publicados con los temas que Eva dejó grabados, convirtiéndola en una de las artistas con una carrera póstuma más importante… ella vivió como quiso y no como quisieron, y ahora la quieren como fue y no como quisieron que fuera, ojala pudieran decir eso de mi.

Una vida anónima para la mayoría de los españoles, una vida que se vivió como quiso, regalando felicidad…hasta el final.

Se merece una artículo. What a wonderful World (Eva Cassidy last perfromance) http://www.youtube.com/watch?v=uEBBGSgO16M

lunes, 23 de mayo de 2011

El consigliere en la noche electoral

Estaba ayer entre biberón y termómetro para controlar la fiebre del churumbel tratando de seguir los resultados de las elecciones locales, cuando en uno de los periódicos digitales vi la foto que ilustra este artículo. El presidente del gobierno llegaba a la sede del PSOE acompañado por Javier de Paz.
El caso es que el nombre no me sonaba, pero uno no vive del cotilleo político, así que bastante tiene con saberse los nombres de los ministros como para estar al tanto de los rasputines de cámara. Echando mano de Google, se me quedó cara de estupefacción, porque el tal Javier de Paz resultaba ser un consejero de Telefónica, presidente de su filial Atento y por lo visto amigo de Zapatero. Un presidente tiene que escuchar a todo el mundo, pero que en una noche como la de ayer, la compañía que eligiera fuera esa, define el país en el que estamos. El perfil del personaje es el de un medrador al calor del poder que más caliente en el sainete de esas empresas políticas, cuyo único objetivo, es el valor de su acción como medio de mantener a los señores consejeros bien sujetos a sus poltronas. Las grandes empresas son un mal necesario en un sistema económico ya que son las únicas capaces de acometer grandes proyectos de manera más o menos eficiente, pero en absoluto van a ser nunca los mejores consejeros del bien común. La historia económica reciente creo que deja claro que las macro empresas públicas no funcionan y son tremendamente ineficientes (es decir injustas con los ciudadanos que no trabajan en ellas), y las privadas son voraces depredadores nunca suficientemente saciados que provocan injusticias iguales o mayores que las otras. Para que estos entes en conjunto aporten a la sociedad más de lo que quitan, que es de lo que creo que debería tratar la política, es necesario que sientan en el cogote el aliento del poder. Y no hablo de generar miles de funcionarios inspectores que les controlen, eso es del todo punto ineficiente, y normalmente además no sirve de nada, porque a escala menor, se defienden mejor ellos ante la ley que los que pelean por parte del estado. Sólo basta con que los señores consejeros sientan que el poder político está al mando y si se pasan de la raya tendrán un gobierno en contra, con lo que eso significa para una empresa, para que estos se cuiden muy mucho de hacer ciertas cosas. No hay nada más cobarde que el dinero anónimo. Estos tipos no han creado una empresa, o un producto, y lo están sintiendo como su proyecto de vida. Esta gente sólo entiende de poder y dinero, y el único compromiso que tienen es consigo mismos. Como digo creo que son agentes necesarios en una sociedad, pero lo que nunca pueden estar es influyendo en el bien común, porque de seguro este saldrá mal parado. Así que ver a Javier de Paz entrando en el coche junto al presidente del gobierno en una noche electoral sólo indica el estado lamentable del puente de mando del buque Español. Si cualquiera de esas personas quiere hacer política, tendrá que primeramente dimitir de cualquier puesto con claros conflictos de intereses, y comprometerse con el trabajo por los demás y el país. Seguro que su experiencia y su sabiduría puede aportar muchas cosas, pero sólo si su mente está libre de la búsqueda del beneficio particular, cosa que no parece que sea el caso. La economía no es una ciencia exacta, y muchos piensan que ni siquiera es ciencia, pero en todo caso, si lo que se tiene en mente como objetivo de las políticas económicas no es el beneficio neto de la sociedad en su conjunto sino las cuentas de resultados de entes particulares, es seguro que las cosas se van a hacer mal. Y me temo lectores que la clase política dirigente (los que han ganado y los que han perdido) tienen en su gran mayoría consiglieres parecidos a los de Zapatero.