domingo 7 de junio de 2009
Las marcas y su mundo ¿volverán a resistir el envite?
viernes 10 de abril de 2009
Divagando y pensando en el tiempo.
El tiempo, esa magnitud que inexorablemente nos dirige hacia el futuro sin permitirnos desacelerar o volver atrás, es uno de mis conceptos preferidos para entretenerme mentalmente en mis periodos de reflexión. Hace unos meses escribí sobre el tema en esta entrada anterior. Pero para pensar en el tiempo lo primero que tenemos que hacer es tratar de definirlo o al menos conceptualizarlo. Las personas nos hacemos conceptos mentales para entender nuestro entorno, y en el caso del tiempo, nuestro esquema humano nos habla de un continuo fluir hacia delante asociado a nuestras experiencias sensoriales. Mentalmente damos la continuidad del tiempo como un hecho, sin embargo, a la hora de medirlo, a la hora de poder hablar de él, usamos siempre magnitudes discretas. Esta paradoja se ilustra mejor cuando profundizamos en como el ser humano ha ido midiendo el tiempo a lo largo de la historia.En este relato temporal llegamos a esas primeras grandes civilizaciones humanas a las que tanto debemos en nuestro desarrollo social y tecnológico, los sumerios, babilonios y egipcios. ¿Nunca os habéis preguntado porque medimos de una manera tan rara los días?, a primera vista, medir el día en 24 horas, de 60 minutos cada una, y a su vez 60 segundos cada minuto no tiene mucha lógica. Siendo que usamos el sistema decimal como base, sería más fácil dividir por ejemplo el día en 10 horas, o 1.000 minutos, o 1.000.000 de segundos. Pues nuestra forma de medir el tiempo viene de esas tres civilizaciones. Llegados a este punto comenzamos a vislumbrar que para medir el tiempo se necesita de uno u otro modo la matemática. Para medir, hay que poner números, y con ellos viene aparejada la abstracción matemática. Así pues, los Sumerios, esa población que habitaba lo que hoy es Irak, partieron de unas matemáticas que usaban la base 12. ¿Porque eligieron esa base y no por ejemplo la base 10 que utilizamos actualmente o que también escogieron pueblos como los mayas?. Pues básicamente porque eran un poco más enrevesados. Parece lógico escoger el 10 como base teniendo en cuenta que nuestras manos tienen 10 dedos. Todos de pequeños hemos contado y hecho pequeñas sumas y restas ayudándonos de los dedos de nuestras manos. Pero si nos fijamos un poco más en ellas podemos contar las falanges de nuestros cuatro dedos índice, corazón, anular, y meñique, ..... ¡Exacto!, 12. Ya tenemos parte del problema explicado, pero ¿porque 24 horas o 60 minutos?, pues porque son múltiplos de 12 que también podemos expresar con nuestras manos. ¿Como?, muy fácil. Imaginad que cada una de las 12 falanges de las que hemos hablado corresponde a un número del 1 al 12, pero aun os sobra un dedo en esa mano, el pulgar. Posicionando su punta en cualquiera de las 12 falanges estaréis indicando un número concreto del 1 al 12. ¿Como hacemos para llegar hasta 60?, pues como podéis imaginar usando la otra mano. En este caso el sumerio que parió esta forma de contar debía estar ya un poco mareado por lo que decidió usar sólo los 5 dedos olvidándose de las falanges. Asignando 12 a cada dedo de la segunda mano podemos indicar levantando uno un 12, levantando dos un 24, y así hasta que levantamos los 5 y hacemos..... ¡Exacto! 60. En el caso por ejemplo de que queramos indicar 16, levantaremos un dedo de nuestra mano derecha e indicaremos con nuestro pulgar el cuarto falange de la izquierda, de esa manera tendremos 12 + 4 = 16. De esta manera, los babilonios que heredaron de los sumerios esta manera de contar, decidieron partir el día entre la parte del mismo con luz solar y la noche, y dividir a su vez esas dos mitades en 12 horas, dando lugar a las 24 horas a las que estamos acostumbrados. A su vez dividieron las horas en 60 minutos y estos en 60 segundos. ¿Nos suena verdad?. Pero a pesar de que la división nos resulte muy familiar no era exactamente lo que nosotros hacemos actualmente, ya que con las diferentes estaciones del año, los días se van haciendo más cortos o más largos, y las horas babilónicas se iban estirando o encogiendo en función de la longitud del día. Esto lo arreglaron los egipcios, que tomaron prestada su herencia cultural, y redefinieron el concepto olvidándose del día y la noche, y haciendo que esas 24 horas fueran siempre iguales entre ellas y entre todas hicieran un día completo, todo esto ya hacia el final de su civilización, en el siglo II antes de cristo. Así que ya sabemos una cosa más, la razón por la que tenemos una forma tan rara de medir el tiempo de cada día, es por culpa de un sumerio enrevesado y la morfología de nuestras manos.
Pero ahora que ya conocemos de donde viene nuestra división del tiempo tenemos que resolver el problema de como medir su paso, de donde saber en que hora, minuto o segundo nos encontramos. Desde aquellas primeras civilizaciones y hasta muy recientemente en la historia, el modo de saber la hora no era otro que la posición del sol. Usando como base el astro rey comenzaron a desarrollarse los relojes de sol. Tanto los babilonios como los egipcios construían obeliscos cuyas sombras, les daban cierta indicación de en que parte del día estaban. Los propios egipcios refinaron el invento poniendo una base a un puntal, y dividiendo esta de este a oeste en intervalos para marcar las horas. Un sacerdote Babilonio del siglo III antes de cristo, Beroso Caldeo, según nos cuenta Vitruvio , perfeccionó el invento haciendo que la proyección no fuera sobre un plano sino sobre un círculo excavado en una roca cúbica. Los Griegos, grandes conocedores ya de la geometría y las matemáticas, hicieron muchas mejoras al reloj de sol, y posteriormente otras civilizaciones van mejorándolo y añadiéndole facultades con aparatos como el astrolabio utilizado por los musulmanes de la edad media no sólo para saber la hora, sino incluso para determinar la latitud. Durante todo este tiempo otros mecanismos basados en los flujos de sustancias se usan para medir tiempos pequeños más precisamente, en esta categoría están los relojes de arena o los de agua. Posteriormente aparecieron los relojes mecánicos, primero basados en poleas con pesos donde la gravedad era usada como motor de los mismos, y más tarde basados en muelles y péndulos. Estos primeros relojes mecánicos eran bastante imprecisos, y necesitaban calibrarse con relojes de sol bastante a menudo. Realmente en aquella época la precisión de los relojes tenía más que ver con la navegación y la astronomía que con la vida diaria de la gente. Ahora estamos tan acostumbrados a la precisión en la hora, que se nos hace difícil pensar en vivir sin saber exactamente que hora es, pero durante miles de años los humanos han vivido sabiendo sólo más o menos en que momento del día estaban. La mayoría de la gente comía cuando podía en caso de ser pobre, o cuando tenía hambre en caso de ser rico, pero no esperaba a una hora concreta porque no sabía cual era.
Poco a poco, conforme la sociedad y la técnica avanzaba, los relojes se hacían más precisos, y con ellos los humanos más apegados a ellos. Las campanas de las iglesias marcaban las horas de los rezos, cuando llegó la revolución industrial las manecillas de los relojes, marcaban la hora de empezar a trabajar, las salidas de los trenes o la hora del te. Conforme el ser humano se complicaba la vida, y no olvidemos evolucionaba, medir el tiempo de forma precisa y barata se hacía indispensable.
En la actualidad, mucha gente se pregunta si realmente es tan necesario vivir pegado al reloj. En este discurso que mucho chamán moderno practica, nuestra vida diaria establecida con el reloj, se critica por vana y esclava. Nos levantamos con el despertador a las 6:20 am en punto, a las 6:40 hemos desayunado, asearnos nos cuesta 25 minutos, hacer la cama recoger las cosas otros 10, justo a tiempo para salir de casa y llegar al trabajo sincronizadamente con todos nuestros compañeros de trabajo a las 8:00 am, y de esta manera podemos seguir describiendo muchos de nuestros días con precisión milimétrica. Estos nuevos sacerdotes laicos que sin embargo usan el discurso de los religiosos más místicos, defienden que esa vida es mala, que debemos romper con ella y disfrutar más de la misma. ¿Y que saben ellos si nosotros no disfrutamos con nuestra rutina planificada?. Hemos visto en este post que ese apego a las manecillas de reloj se forjaba mientras el mundo evolucionaba, o más bien, el mundo evolucionaba gracias entre otras cosas a que éramos capaces de medir y usar el tiempo. Podemos volver a las cavernas, levantarnos cuando sale el sol, y dormir cuando se pone. No hay problema, viviremos 30 años de media, no nos habremos movido más allá de unas decenas de kilómetros desde donde nacimos, y nadie estará leyendo cosas como esta. Sin embargo podemos seguir evolucionando, podemos usar nuestro conocimiento del tiempo para gestionarnos mejor, para reclamar durante el siglo XIX las 8 horas de trabajo, para protestar por las 35 horas que reclaman ahora, o para coordinar una fiesta con amigos. Necesitamos vivir apegados al tiempo porque la civilización actual no es posible sin el esfuerzo coordinado de miles, millones de humanos. Sin precisión temporal no son posibles casi ninguna de las cosas que nos hacen la vida más fácil. Desde el café y el bollo que desayunamos, hasta el viaje de vacaciones que hacemos, todo lleva detrás el esfuerzo, conocimiento, y necesidad de coordinación temporal de incontables personas que tienen que hacer ciertas cosas en un determinado momento. Eso no quiere decir que no tengamos que planificar nuestro tiempo de forma que disfrutemos de la vida, de las cosas que nos gustan, de leer un buen libro, o de tirarnos al sol de la primavera, o incluso improvisar y hacer cosas no planificadas. Pero en todos los casos sabiendo que hora es, sabiendo que dejamos de hacer en ese momento y valorando si es o no prescindible dadas las circunstancias. Es por eso que cuando viene cualquiera de estos nuevos predicadores a contarme lo perra y esclava que es mi vida apegada al reloj, me río internamente y pienso que seguro que el charlatán está internamente pensando que cuando acabe de intentar convencerme, se irá corriendo a ver una película con un amigo (que empieza a una hora concreta), a recoger a su hijo al colegio (a una hora concreta), o a coger un tren para visitar una ciudad que le gusta (a una hora concreta). Y es que sin precisión en el tiempo, el charlatán no tendría ni películas, ni colegios, ni trenes, ni hubiera tenido tiempo para pensar en el discurso vacío que me ofrece.
Hoy estoy un poco radical queridos lectores, así que se admiten comentarios que rebatan la postura y moderen mis creencias ;) .
domingo 15 de febrero de 2009
Persiguiendo lo imposible.
(dibujo extraído de la wikipedia)El comienzo de esta historia nos lleva al siglo V antes de Cristo, a Anaxágoras de Clazomene. Este filósofo griego, que marchó de su Clazomene natal hacia Atenas al ser esta destruida. Fue condenado a prisión por sostener que el sol era una masa de hierro candente, y la luna una roca procedente de la tierra que se limitaba a reflejar lo que el astro rey iluminaba. Mientras estaba en prisión estudió formalmente la posibilidad de cuadrar el círculo. En este punto es importante reflejar que los Griegos, a diferencia de los Egipcios y otras civilizaciones, se interesaban en esa parte abstracta y no práctica de la matemática, y distinguían muy claramente lo exacto de lo aproximado. Los Egipcios ya habían dado con aproximaciones muy certeras del problema, pero los Griegos, y Anaxágoras como iniciador del problema, se apartaban de la concepción práctica (de la que hablé en este otro post) y subían un peldaño por encima en el mundo de las ideas abstractas. Esto es de suma importancia, porque en el planteamiento de la cuadratura del círculo y otros parecidos, la humanidad conseguía dotarse de unos instrumentos que fueron los gérmenes de la lógica como método para probar las cosas.
El problema propuesto por Anaxágoras se hizo tan popular, que saltó de los ámbitos matemáticos a otras áreas de la cultura. Por ejemplo en la comedia de Aristófanes "Aves", aparece el siguiente dialogo
METÓN
.-Quiero medir las llanuras aéreas, y dividirlas en parcelas.
PISTETERO
.-En nombre de los dioses, quién eres?
METÓN
.-¿Quién soy? Metón, conocido en toda la Hélade y en la aldea de Colona.
PISTETERO
.-Dime, ¿qué es eso que traes ahí?
METÓN
.-Reglas para medir el aire. Pues todo el aire, en su forma general, es enteramente parecido a un horno. Por tanto, aplicando por arriba esta línea curva y ajustando el compás... ¿Comprendes?
PISTETERO
.-Ni una palabra.
METÓN
.-Con esta otra regla trazo una línea recta, cuadro el círculo y coloco en su centro el Agora; a ella afluirán de todas partes calles derechas, del mismo modo que del sol, aunque es circular, parten rayos rectos en todas direcciones.
PISTETERO
.-¡Este hombre es un Táles... Metón!
El problema sin todavía solución saltaba al imaginario popular, se convertía por derecho propio, en una de esas ideas que pasan a la historia como enigmas cuya clave queda reservada a un elegido que en algún momento la resolverá. A partir de este momento, ya los Griegos utilizaron la expresión "cuadrar el círculo" como sinónimo de buscar lo imposible, intuyendo el final, pero no dándose por vencidos. Otros muchos estudiosos Griegos de la geometría estudiaron de una u otra forma el problema, dando todo ese esfuerzo intelectual avances como el cálculo de la duración del mes lunar de Oenópides, o la espiral de Arquímedes resultado de la combinación de un movimiento en línea recta y uno circular.
Saltando en el tiempo, y heredando el saber Griego, la siguiente gran cultura en tratar de resolver el problema fue la Árabe. Matemáticos como Alhazen escribieron sobre el tema al mismo tiempo que hacían grandes descubrimientos en campos como la óptica o el estudio de la luz, y ya iban intuyendo que el problema era de solución imposible. En la Europa medieval el problema fue mayoritariamente objeto de estudio de alquimistas retrocediendo por detrás de los griegos en la comprensión y dimensión del problema. Ya en el renacimiento Europa volvió al nivel que había adquirido casi 2000 años antes.
Nos vamos pues hasta el siglo XV Europeo, y más concretamente hasta Nicolás de Cusa. Este matemático alemán, persiguiendo el sueño de cuadrar el círculo mediante el método de ir inscribiendo y circunscribiendo polígonos sobre círculos, se preguntaba si acaso podemos considerar los polígonos iguales a la circunferencia en el infinito. La cuestión era si se podía decir que un círculo era un polígono con infinito número de lados. La respuesta que dio Nicolás de Cusa fue un rotundo no. El consideraba que un polígono era de diferente especie a un círculo, no simplemente una diferencia de magnitud. Con estas ideas se abrían nuevos campos en la geometría. Se daba un paso hacia un nuevo estado del conocimiento que sobrepasaba la geometría euclidiana. El problema siguió excitando las mentes de grandes hombres del renacimiento como Leonardo, que trató de resolverlo mediante su aproximación mecánica a las matemáticas.
Poco a poco el ser humano se iba dando cuenta de que el problema parecía ser irresoluble tal y como estaba planteado por los Griegos con su geometría plana. Así que progresivamente empezaron a aparecer intentos de demostrar esta intuición. También durante esta búsqueda de demostrar la imposibilidad se dieron avances en las matemáticas, como los del Escocés James Gregory que hizo grandes avances en el estudio de series convergentes infinitas y trató de demostrar sin éxito que el problema de la cuadratura era irresoluble.
Un paso importante en el camino a demostrar la irresolubilidad del problema lo dio Johann Heinrich Lambert que probó que Pi era un número irracional. Sin embargo algunos números de este tipo pueden seguir construyéndose con regla y compás, por lo que la esperanza de encontrar solución aun quedó en el imaginario popular. Tanto es así, tan fuerte era la fascinación que ejercía el problema sobre la sociedad, que cientos de matemáticos amateurs seguían intentando buscar soluciones al mismo. Eran tantas las peticiones de comprobación que la Académie des Sciences Francesa o la Royal Society Británica, prohibieron enviar posibles soluciones del problema a las mismas para ser comprobadas.
La solución final al problema, o más bien el dramático final al mismo, ocurrió en 1880 cuando Carl Louis Ferdinand von Lindemann demostró que Pi es un número transcendental, o lo que es lo mismo, que no es ninguna raíz de ecuación algebraica alguna con coeficientes racionales.
A efectos prácticos, aquí se terminó la búsqueda a la solución del problema planteado por los Griegos, no existía. Durante más de 2000 años el ser humano había estado persiguiendo lo imposible. Al igual que Sísifo, cada vez que llegaba a lo alto de la montaña empujando su roca, esta volvía a rodar ladera abajo haciendo aparentemente inútil su esfuerzo. Es aquí a donde quería yo llegar, a la aparente inutilidad de nuestros esfuerzos diarios. En tiempos de crisis puede parecer que el trabajo que desarrollamos, lo que aportamos a nuestra familia y la sociedad, no sirve para nada, es un esfuerzo baldío. Pero al contrario de la moraleja que propone el cuento de Camus que he nombrado al principio, la mía es que cada pequeño paso que damos, cada empujón con el que ayudamos a alguien, cada pensamiento que nos ocupa, hace que el ser humano evolucione y que todos, cada uno de nosotros, sea una parte importante de esa historia. A veces hacen falta más de dos milenios, como en el caso de la cuadratura del círculo, para que nos demos cuenta de que un problema no tiene solución. Pero la capacidad del ser humano de relacionar, de generar conocimiento a través de enlazar experiencias, intuiciones y sentimientos, hace que para él, la búsqueda de lo imposible también sea un hecho productivo.
miércoles 7 de enero de 2009
Se acabó la navidad, hay que digerirla
Se acabó la navidad. Con la resaca de los reyes se termina oficialmente ese periodo donde los sentimientos, tensiones, nostalgias, recuerdos, miedos y esperanzas confluyen dando lugar a cócteles de dura digestión. Estos días mucha gente está tratando de pasar por el estómago no sólo los turrones, el jamoncito y demás excesos culinarios que esta, nuestra sociedad consumista, nos ha dejado en nuestros cuerpos. También son días propicios para digerir las emociones, los pensamientos y los propósitos que han emergido en nuestras almas durante los días de Navidad. Porque en estas fechas pasadas, no sólo nos empachamos de alimentos que normalmente no catamos el resto del año, también nos relacionamos de manera compulsiva con familiares y amigos, hacemos balance de lo que ha sido el año que se cierra, e internamente nos proponemos mejorar algunas cosas que no nos gustan, o pedimos a la divinidades de uno u otro tipo que mejoren nuestra fortuna si esta ha sido mala, o nos dejen como estamos si ha sido buena. Tras estos días se puede sentir cierta sensación de vacío, una mezcla de necesidad de una vuelta a la confortable rutina en donde todo está donde debería a la hora estimada, y una nostalgia por lo pasado y aquellos que vuelves a dejar atrás apartados de la intensidad de los días recientes. Es lo que tienen estas celebraciones colectivas, los humanos somos consustanciales a ellas, y nos imbuyen de sentimientos que se potencian y multiplican al observar a otros congéneres que hacen y sienten lo mismo que nosotros en momentos coincidentes en el tiempo. Pero tras estas orgías colectivas, al igual que tras las grandes celebraciones personales, viene la resaca. Esta es de mayor o menor grado en tanto más se aparte de la rutina habitual la vida que hayamos llevado durante los días pasados. La razón de toda esta amalgama de sentimientos hay que buscarla en la misma base de la raza humana. Somos animales inteligentes y sociales que necesitamos de nuestra tribu. Las grandes colectividades como los países, las ciudades, etc. no son sino formas de organizarnos más o menos convenientes, pero en el fondo, seguimos necesitando del contacto con nuestra ancestral tribu nómada de la que el humano actual emergió. La fuerza espiritual que alimenta nuestros sentimientos, da sentido a nuestras vidas, y nos hace avanzar como personas individuales y como grandes colectividades, radica en nuestra afectividad a unas pocas decenas de personas que componen nuestra tribu. La sociedad ha evolucionado, y ya no corremos por las praderas buscando caza y comida, ni siquiera la mayoría de nosotros cultiva o pastorea el ganado, pero emocionalmente no hemos evolucionado. Y la navidad para muchos ha sido tiempo de ver a su tribu, a aquellos con los que ha evolucionado y crecido, a aquellos por los que siente esa clase de pasiones que sólo los muy cercanos pueden provocar. No todo en la tribu nos gusta, de hecho muchas cosas nos disgustan, pero es nuestra tribu, nuestra gente y la gente de aquellos a quien más queremos. Familia propia y política, amigos, en definitiva, los integrantes de nuestro micromundo mental que a pesar de que físicamente pueda estar a kilómetros de distancia durante la mayor parte del tiempo, para nosotros, para nuestra alma, siempre están ahí, con lo bueno y con lo malo, haciéndonos sentirnos parte nuestra tribu. Durante este tiempo pasado la cercanía física, el deseo de ver y estar con todos y cada uno de los miembros de nuestro clan, nos han realzado sentimientos que ahora toca digerir junto a las calorías y excesos alimenticios de las fiestas. No tengo duda de que para la mayoría de nosotros, a pesar de lo bueno o malo que haya podido ser el año que dejamos, la digestión será para bien, nuestro cuerpo se hará más fuerte, y nuestra mente más sabia, convirtiéndonos en mejores personas y reafirmando nuestro cariño a los nuestros, a los que nos importan. Para todos vosotros, queridos lectores del blog, os deseo un próspero y feliz 2009 desando que se cumplan todas vuestras expectativas, y aconsejándoos prudencia y sobre todo que recibáis al menos el mismo cariño y lealtad de los que os importan que el que me han dado a mí, ya que es la verdadera base de la felicidad.
domingo 7 de diciembre de 2008
Responsabilidad Social Corporativa, esa gran estafa.
Extraído de la Wikipedia
“La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es un enfoque de negocios que incorpora respeto por las éticas, las personas, las comunidades y el Medio Ambiente. La RSE es un conjunto de políticas, prácticas y programas que están integradas en todo el proceso de operaciones de los negocios y en su toma de decisiones.”
Para quien aún crea que esta definición es válida perdamos un poco el tiempo en demostrar su absoluta hipocresía. Todo el mundo a día de hoy, gobernantes y poderes fácticos incluidos, está de acuerdo en que la economía está en crisis. ¿Qué significan las crisis económicas en el capitalismo?, paro, desahucios, hipotecas que no pueden ser pagadas, menos consumo, menos riqueza. Nada que no hayamos visto antes y que no pudiéramos preveer. Las crisis son cíclicas y seguras en el sistema de organización social en el que vivimos. Ese grado de certeza puede entonces utilizarse para planificar la actuación durante las mismas. ¿Qué está pasando en la realidad?, que las corporaciones que dicen llevar políticas de este tipo no tienen respeto por la ética, ni por las personas, ni por las comunidades, ni por el medio ambiente, esas corporaciones que no dejan de ser conglomerados de personas, actúan reflejándose en el pensamiento de la mayoría de ellas, primando de manera prioritaria y única los intereses de quien las controlan. Menuda novedad, ¿verdad?, es una verdad de Perogrullo, pero a pesar de todo muchos se creyeron la cantinela.
Ahora que ya sabemos donde no debemos buscar, centrémonos en descubrir la realidad. ¿Qué es en verdad esto de la Responsabilidad Social Corporativa?. Bueno, pues en primer lugar es un nombre bonito. Casi podríamos afirmar que es sólo eso. En la sociedad de la imagen es imprescindible que tus actos puedan definirse en palabras que mezclen sofisticación y ampulosidad, y que además te permitan endulzar y encubrir el fraude y el engaño que quieres llevar a cabo. Así pues estas palabras cumplen los requisitos sobradamente, porque si lo que quisieran realmente fuera no confundir podrían haber puesto un nombre más preciso, podrían usar palabras como lealtad, honradez, bondad, franqueza, nobleza, o cualquier otra que defina exactamente los posibles buenos comportamientos corporativos. Pero eso sería peligroso ya que sería fácil caer en la contradicción, en la incompatibilidad de la realidad con la ficción de las palabras y la imagen. Pero, ¿Es la responsabilidad social corporativa algo más que un bonito nombre?, no, no lo es. En el mejor de los casos puede ser uno de esos activos intangibles pero valorados en los libros que tiene la empresa dentro de su área de imagen y marketing. Un activo que no vale por lo que contiene de realidad, ya que no contiene nada, sino por lo que puede servir para el innoble arte del pasteleo con los administradores, reguladores y políticos gobernantes o con aspiraciones. Ahí hemos llegado al quid de la cuestión, a la raíz del origen de este engaño. Las corporaciones necesitan proyectar una imagen falsa de filantropía para que el contrapoder del pueblo representado en los políticos pueda lavarse las caras ante sus bases mientras entre las jerarquías se vive el momento.
Volvamos al principio, y a los hechos para destapar el engaño. Como he afirmado anteriormente es bien sabido que las crisis son cíclicas y seguras en el sistema de organización social en el que vivimos. Ese grado de certeza podría entonces utilizarse para planificar la actuación durante las mismas. Utilicemos el ejemplo de una empresa muy de actualidad en esta crisis en España, Nissan. Esta empresa se clasificó en uno de los primeros puestos a nivel mundial en una lista que prepara cada año la revista Newsweek basándose en los principios de Standard & Poor’s y sus actividades de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) utilizando en la agencia inglesa Ethical Investment Reseach Services (EIRIS). (fuente)
Cualquiera que siga las noticias sabe que NISSAN en Barcelona ha presentado un ERE para despedir a 1300 trabajadores, eso si, de forma muy socialmente responsable como corporación. ¿Hay algo que objetar?, no en una organización social como la nuestra donde las empresas deben ser rentables de año en año para que sus accionistas no las abandonen y colapse el sistema. Pero lo que no es aceptable es la hipocresía y la mezquindad de nuestros dirigentes. NISSAN ha recibido más de 43 millones de euros por parte de las administraciones públicas desde el año 2005. ¿Cómo lo ha conseguido?, pues entre otras cosas con este activo intangible de la Responsabilidad Social Corporativa, vendiendo ese humo, esa nada, a políticos y funcionarios que si pensamos bien pudieron ser engañados lo cual pondría en duda su aptitud para el cargo, y si pensamos mal, comprados. Pero la mentira y el engaño muchas veces no se aguantan mucho tiempo, y ahora que pintan bastos esta empresa nombrada este mismo año como una de las mejores en Responsabilidad Social Corporativa, ha pasado a ser desleal, deshonesta, mala, hipócrita, y mezquina. No le acuso, porque está en su naturaleza, en el mundo actual y mientras no lo cambiemos sus dirigentes tienen como objetivo salvar y contentar cada año a sus accionistas y hacen su trabajo. Pero nuestros gobernantes, aquellos que deben hacer leyes para promocionar el bienestar y el desarrollo de la sociedad, han tragado con esta gran mentira. Ahora todos se ponen muy serios hablando del largo plazo, de cambiar los incentivos, incluso de un nuevo orden mundial. Pero yo desconfío, desconfío de unos gobernantes que se han tragado sapos como este del que hoy escribo, porque son fácilmente engañados, pensando bien por ignorancia, pensando mal por interés. Necesitamos personas nuevas, políticas que trasciendan lo políticamente correcto que no lleva a ninguna parte, y que empiecen a llamar a las cosas por su nombre. Esconder la verdad nunca trae logros y desarrollo sostenible, conocerla y desplegarla hace que las sociedades evolucionen y prosperen. No esperen que las empresas, los empresarios y los accionistas mejoren la sociedad, créanme, eso por naturaleza misma de esos agentes es imposible, son un mal necesario al que por el momento no hemos encontrado mejor alternativa toda vez que el comunismo real se ha demostrado un fracaso como forma de organización. Sólo los límites y guías impuestos por la ley pueden hacer que esos agentes sociales llamados empresas puedan contribuir al bienestar común. Ojala algún genio para pronto una forma de organizarnos como sociedad más justa que la actual, pero mientras tanto exijamos a nuestros representantes que estén atentos, que nos protejan, y que no se dejen embaucar por quienes no deben ser su principal preocupación.
viernes 24 de octubre de 2008
El mundo de los Pedos
Los nombres del pedo son varios: cuál le llama "soltó un preso", haciendo al culo alcaide; otros dicen: "fuésele una pluma", como si el culo estuviera pelando perdices; otros dicen: "tómate ese tostón", como si el culo fuera garbanzal. Otros dicen algo crítico: "cuesco", derivado de la enigma; y otros han dicho: "Entre peña y peña el alba, río que suena". De aquí se levantó aquel refrán que dice: "Entre dos peñas feroces, un fraile daba voces". Y finalmente, dijo el otro: "El señor don Argamasilla cuando sale chilla".
Ya podemos ver que 400 años atrás el Español ya poesía un rico vocabulario para el fenómeno, lo que demuestra la importancia del mismo a pesar de su aparente intrascendencia. Igualmente podemos citar un antiguo poema popular para ilustrar los nombres y usos de nuestro tema
"El vulgo lo llama pedo
ventosidad la Nobleza
cuesco las monjas y frailes
y aire corrupto las viejas."
No merece la pena entrar en detalles técnicos sobre el origen de los pedos, símplemente quedemonos con la definición de la wikipedia
Se denomina flatulencia a la mezcla de gases que se expulsa por el ano con un sonido y olor característicos. Esta mezcla está producida por bacterias y levaduras simbióticas que viven en el tracto gastrointestinal de los mamíferos, y por partículas aerosolizadas de sus excrementos.
En esa misma fuente podemos leer que de media las personas liberan entre 0,5 y 1,5 litros de gases diarios en unos 17 episodios. Contando que durante nuestras horas de sueño no tenemos ninguna ocurrecia, más o menos sale a un pedo por hora. Ante un hecho tan normal como este, que podría ser equiparado con rascarse o pestañear, la sociedad ha impuesto ciertas reglas, aunque no siempre del mismo tipo. Pongamos por ejemplo a los flatulistas, o profesionales de los pedos. Ya desde la antiguedad podemos encontrarnos con ellos, San Agustín el de Hipona, en La Ciudad de Dios (14.24)escribe:
No faltan algunos que, sin fetidez, emiten por el fondo sonidos tan armoniosos, que se diría que cantan por esa boca.
Pero hay más célebres apologistas del pedo como cicerón, que consideraba al pedo una víctima inocente de la civilización de su tiempo, elevó en su favor el grito de la libertad y afirmó sus derechos, o el Ateniense Aristófanes que en una de sus comedias, las nubes dice que El trueno no es más que un pedo.
Pero este "arte" se ha practicado en diferentes culturas y momentos históricos, de la wikipedia en inglés podemos citar al humanista Valenciano Juan Luis Vives que comentando la cita anterior de San Agustín, más de un milenio después de la misma, aseguraba haber sido testigo de semejantes proezas. Los pedorros profesionales de Irlanada en la edad media eran listados junto a otros músicos com los bardos, también en el japón del siglo XIII hay historias sobre flatulistas profesionales. Pero ya más cercano a nuestro días tenemos el famoso Joseph Pujol, que comparte apellido con un afamdo político, y usaba como nombre artístico Le Pétomane. Este Marselles que actuaba en lugares como el Moulinme Rouge cobraba gran cantidad de dinero por imitar con sus flatulecias sonidos de cañones y tormentas, o tocar la marsellesa con una ocarina conectada mediante un tubo de goma a su ano.
Y es que los pedos son a menudo motivo de bromas, tanto es así que el chiste conocido más antiguo del mundo versa sobre el tema. Según un estudio de la universidad británica de Wolverhampton ha desvelado, el chiste más antiguo de la historia es un proverbio sumerio del 1900 antes de Cristo, escrito en la antigua Babilonia, que habla de que "una joven mujer no escapó a una flatulencia en las piernas de su esposo".
Si pasamos de los pedos humanos a los animales vemos la importancia de los mismos para el habitat en el que vivimos. De una parte tenemos a los dinosaurios que con sus flatulencias durante millones de años contribuyeron probablemente a generar el suficiente gas invernadero como para hacer de la tierra un lugar habitable para los humanos. De otra por la misma razón tenemos la preocupación ecológica de la actualidad por el recrudecimiento del calentamiento global debido a los pedos de vacas y ovejas. Aunque en esto de los pedos animales también los hay ecológicos, como los de los canguros, que no son perjudiciales ya que gracias a una bacteria no contienen metano.
En fín, que como se puede apreciar, el mundo de los pedos es a la vez divertido, importante, complicado y placentero. Para finalizar el post os dejo una obra dedicada al mecionado profesional de los pedos Joseph Pujol, disfrutarla
sábado 4 de octubre de 2008
El paso del tiempo y su relatividad.
La relatividad del tiempo, ese gran avance de la ciencia del siglo XX con Einstein a la cabeza, es algo ampliamente discutido por los humanos desde que tuvieron tiempo para pensar. ¿Que es el tiempo?, una pregunta que en nuestra vida diaria pocas veces nos hacemos porque seguramente pensamos que es aquello que marca nuestro casio de la muñeca. Pero evidentemente esta pregunta es una de las más trascendentes de la filosofía o la ciencia si es que estas pueden separarse. Desde mi humilde punto de vista hay pocas maneras mejores de plantearse esta pregunta que con las paradojas de Zenon. Aquiles y la Tortuga, o la famosa flecha que no llega nunca a su destino, porque para llegar a él, siempre tiene que recorrer la mitad del trayecto restante, y por ende no llegará nunca. ¿Es el tiempo continuo o discreto?,¿Es reversible?. La ciencia lleva siglos avanzando en estos temas, pero cada descubrimiento, cada nueva proposición que hace el universo en que vivimos un poco más predecible, arroja más misterio en esa dimensión tan apegada a nuestro instinto como es el tiempo. El hombre primitivo veía que indefectiblemente después de cada día venía una noche, después de cada invierno una primavera, y poco a poco observando las estrellas fue descubriendo que cada 365,24 días se volvían a repetir los ciclos. Más adelante estudiando esas mismas estrellas y sus movimientos la ciencia llegó por primera vez a la conclusión de que para predecir mejor sus comportamientos había que hablar de relatividad y de la dilatación del tiempo. Hoy, al pasar por mi memoria toda esa cantidad de recuerdos en apenas un instante, he comprendido que nuestra concepción práctica del tiempo no sea seguramente más que un engaño de nuestro cerebro, una norma común para ponernos de acuerdo, pero nada más que eso. El tiempo sólo fluye en nuestra concepción ordinaria del mismo, pero se divierte en lo más profundo de nuestras almas jugando con el pasado, dilatándose y contrayéndose a su gusto.
Para aquellos de la generación de Naranjito que quieran hacer la prueba vean el vídeo de abajo que colgaron en youtube todonostalgia.com y me cuentan.